Sin heroísmo refleja un estereotipo

 Por denunciar su violación creó un escándalo mediático. Para sus amigos es una mujer digna de admirar. Ella, aunque no sabe actualmente quién es, solo sabe con certeza que es la presa de Chávez. María Lourdes Afiuni — juez  de 49 años— no es extraordinaria .Es una mujer venezolana más, una mujer privada de libertad desde hace tres años

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María Lourdes Afiuni sentada en su ventana. (Foto tomada de Noticias 24)

Ella vivía en un edificio de la urbanización del Cigarral. Sigue estando en el mismo sitio, pero ya no es su hogar. Los militares que están apostados afuera, como a la espera de su escape, son el recordatorio insidioso de que su vida está detenida. Solo tiene la esperanza que termine “la pesadilla”. No le gusta mucho la televisión y pasa tiempo navegando en Internet. Twitter se ha convertido en el portal que usa para comunicarse con el mundo. Y, debido a la medida de “casa por cárcel”, la ventana de su sala es la única vista que le permite ver y acercarse al exterior.

Luego de pasar dos años en el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF)  María Lourdes Afiuni se pasea por su casaahora prisión  buscando qué hacer. No es una manera de ganar tiempo, es una forma que usa para tratar de saber quién es ella en la actualidad. Reflexiona si posee características extraordinarias. Sabe que físicamente resalta su altura imponente y su contextura intimidante, pero a pesar de eso, no es más especial que cualquier otra mujer.

“Siempre he formado parte de la clase media”, es el pensamiento que tiene cuando medita su posición económica.  “Nunca me arrepentiré de lo que hice”,  mantra y  respuesta automática que repite a ella y a los demás — al momento de reflexionar sobre su decisión de dictarle la medida cautelar a Eligio Cedeño, el banquero enjuiciado por el caso de Microstar. “Tengo una hija por la cual sobrevivir”, su motivo para seguir adelante y manera de tratar de entender quién es ella en la actualidad de Venezuela.

Defensora de los demás

María Lourdes Afiuni es una de los tres hijos del matrimonio Afiuni-Mora. Nelson Afiuni de padres Italianos y libanesesy Alina Mora, merideña, recibieron a su hija el 08 de junio de 1963 en la clínica Luis Razetti. La criaron en Prados del Este, “que era el lugar donde vivía la gente que no tenía medios para adquirir una vivienda en Caracas”.

Los padres de Afiuni la inscribieron en el colegio Mater Salvatori, ubicado en Las Mercedes. Allí estudió preescolar, primaria y la mitad del bachillerato. No terminó su educación en esa institución. “Fui expulsada por irreverente. No tolero las injusticias No me gustaba que castigaran a mis amigas por algo que no habían hecho. Creo que de allí viene mi inclinación por el Derecho”. Su formación la culminó en el colegio Madre Matilde.

Para Afiuni, es más importante ser fiel a sus valores que a cualquier ideología.  El estudio de las leyes fue  una manera de desarrollar su afinidad por la justicia. Así pues, ingresó en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) para estudiar derecho. Su vida universitaria la complementó trabajando en medio del sistema judicial militar. Su primer empleo, en el área legal, fue como transcriptor. “Estuve poco tiempo. No me gustaba como era el trato de los militares con los civiles. El civil, en el Ministerio de la Defensa, siempre recibe un trato despectivo”.

Al no gustarle las maneras de trabajo con los militares, Afiuni optó por migrar a la Fiscalía. Allí trabajó hasta que se graduó de abogado en 1987. Su carrera en la institución pública culminó ante la negativa de la misma de reclasificarla con cargo de abogado. Desde entonces se dedicó a trabajar  en el área penal.

De todas las ramas del Derecho, esta fue la que más llamo la atención de la juez. Ella estudió las leyes de Venezuela porque nunca hizo “eco de las injusticias”. Considera que nació con la vocación necesaria, ya que, “la justicia per se, cuando se juega con la libertad y por ende con la vida de las personas en este país, es la parte más bella del derecho venezolano”.

Mujer al servicio de la justicia

Luego de tener a su hija, María Lourdes Afiuni decidió salir a la calle a “buscar platica”. Trabajó en el área inmobiliaria, pero no duró mucho porque no le gustó. La justicia seguía formando parte de ella, así que ingresó al Cuerpo Técnico de Policía Judicial (CTPJ) como consultor Jurídico. Allí, le asignaron la comisaría de El Llanito en la que estuvo por tres años.  “Puedo decir que fue mi escuela, realmente creo que aprendí a conocer allí lo que es el ejercicio penal”.

Estuvo hasta la época del 2000 en la CTPJ. El sentido de justicia lo terminó de desarrollar al momento que gana el concurso para ser juez. Inició su labor en el Juzgado Primero del Área Metropolitana de Caracas, allí estuvo cinco años. Su trayectoria dentro del Palacio de Justicia transcurrió entre el Tribunal 40 de Control, el 24 de Juicio hasta que terminó en el 31 de Control, lugar en el que conoció el caso de Microstar.

Su trayectoria fue reconocida por los demás. José Amalio Graterol, actual abogado defensor de Afiuni, define su trabajo como: “justo y apegado a las leyes. Nosotros nos conocemos desde que yo era abogado de la Defensoría del Pueblo. Muchas veces ella estuvo en contra de mis posiciones y dictaminó lo que las leyes decían que debía hacer.” Para Graterol la gestión de la juez, dentro del sistema de justicia venezolano, estuvo enmarcada por su inteligencia y su sentido de justicia.

Actualmente su defensor piensa que ese puede ser uno de los principales defectos de Afiuni: “creer que podía administrar la justicia libremente”. No solo Graterol considera que la debilidad de la juez es apegarse a las leyes. Su amiga, la periodista Alicia de la Rosa coincide con él en este punto: “no debió haberse tirado el caso de Eligio Cedeño”.

“Mujer 4×4”

El ejercicio de juez  se detuvo el 10 de diciembre de 2009 cuando la aprehendieron por haber dictado una medida cautelar a Eligio Cedeño. El  15 de diciembre del mismo año la trasladaron  al INOF. La estadía en la cárcel para mujeres cambió la vida de Afiuni. “Definitivamente uno no es lo mismo”. La cárcel ha sido uno de los puntos clave en su vida. Sufrió constantes agresiones físicas y mentales durante su estancia. La más grave fue la violación que relata en el libro escrito por el periodista Francisco Olivares.

El encierro de Afiuni en el INOF culminó cuando le dictaron casa por cárcel. Llegó al Cigarral luego de haberse operado por la situación delicada de salud que tuvo en el penal para mujeres. Cuando asimiló su cambio de locación supo que ese apartamento no sería más el hogar de ella ni de su familia.

En palabras de Mikel de Viana, la madre venezolana es una mujer de carácter fuerte que saca adelante a su familia. Es madre soltera,  el pilar fundamental del hogar y la que se encarga de velar por la estabilidad de su núcleo. Afiuni en 1992 tuvo a Geraldine, su única hija. Se dedicó a criarla como madre soltera con el apoyo de su familia. Con el tiempo y  el ascenso de su carrera laboral veló por ser el pilar económico de sus padres.

A pesar del incidente en la cárcel que afectó su integridad, Afiuni sigue adelante con su vida, tratando de obtener su libertad. Alicia De la Rosa la identifica como “una madre soltera que sacó adelante a su familia y se hizo profesional. A esa mujer la violaron, le cayeron a golpes, la tienen presa.  Es una persona que ha dado la imagen de fortaleza. ¿Quién más que ella para decirte cómo debes ser fuerte o no?”.

José Amalio Graterol la percibe como “la mujer venezolana  que echó pa´ lante por su cuenta. Es una persona que no decae en su posición. Es un ejemplo de lo que llaman por ahí la mujer  cuatro por cuatro que puede ejercer cualquier función. Es la voz de otras mujeres que han sido violadas en las cárceles  y no las han escuchado. No es una heroína, aunque para algunos lo sea, pero sí es digna de admirar”.

Y así se encuentra María Lourdes Afiuni recluida en su casa. Haciendo una revisión constante de sí misma. Sabe que es una mujer desconfiada y desprendida de su familia. No se da cuenta de que es el reflejo del estereotipo de la típica mujer venezolana, que sin nada extraordinario más que sus logros laborales y sus ganas de progresar, la situación de su caso político la puso en la palestra de la opinión pública nacional e internacional.

“Soy la presa del presidente. Ocupo el puesto de alguien más. Estoy sin libertad por haber hecho lo que me dictan mi código y mis leyes”

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