“No es la flecha, es el indio”

El especialista en post-producción cinematográfico expone sus percepciones de la evolución  y la actualidad del cine venezolano desde su experiencia, y a su vez, reflexiona sobre la formación de los cineastas del país

Es común pensar que un amante del cine puede encontrarse detrás de libretos, cámaras, papeles y anotaciones para desarrollar las ideas que tienen en su mente corriendo sin cesar. La creatividad es un elemento necesario para hacer largometrajes, pero creatividad sin educación es un arma mortal semejante a un médico que no sepa usar el bisturí.

Cuando no está en trabajo de post-producción,  Julio García, comunicador social y profesor de 52 años egresado de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), se encuentra con su chal de lana colorido orientando a los jóvenes sobre cómo debería hacerse el cine en Venezuela. Sus clases las mezcla con las enseñanzas de lo que fue el cine en los 60, su evolución, lo que sigue vigente y lo que no se puede volver a repetir. Su mente creativa se manifiesta a través de los movimientos intranquilos de sus dedos. La seguridad es algo que demuestra sin vacilación al momento de reflexionar y hablar de su pasión: el cine.

— ¿Cuándo conoció el cine fuera de la teoría?

— Después de graduarme empecé a trabajar en post-producción en una época en que la experiencia en cine de Venezuela era muy solicitada.

— Esa época, ¿en qué fecha era?

En 1985, la época en la que existía  una empresa llamada Video Sistemas y era la sala de post-producción más moderna que había en ese momento. Caracas contaba con una serie de salas de post-producción de primera categoría. Era un mercado bastante interesante en el que Argentina, México, Panamá y Colombia venían a Venezuela a hacer sus trabajos de edición final. Nuestro país estaba muy al día con este tema, éramos un marco de referencia.

—Mencionó que Venezuela era referencia de post-producción. En comparación a los otros países ¿considera que nos hemos quedado atrás?

— Sin dudad alguna. Tuvimos un avance en los años 80 en donde se compraron muchos equipos costosos. De repente arrancó el boom de los equipos de edición no lineal, como Premier o Final Cut que con el tiempo se fueron sofisticando y  bajando el precio. ¿Qué pasaba con los productores que necesitaban estos equipos?, sencillo: dejaban de venir porque ahora podían adquirir los nuevos que se encontraban a menor costo, y así comienza el declive en Venezuela.

—¿Quiénes le llevan  la batuta hoy en día a Venezuela?

Colombia, ellos están haciendo muy buen cine. En los 70 nos veían con mucha envidia. El proceso económico hemos vivido ha hecho que muchas cosas que debían progresar se estancaran. El cine es una muestra de ello. Muchos procesos que debían hacerse acá las está haciendo Colombia.

El comienzo de la decadencia

—Para la época de los 60, ¿cómo era visto el cine venezolano en las afueras?

Muy bueno,  Argentina, México y Cuba ya venían haciendo cine. Venezuela era uno de los mejores exponentes. Siempre hemos sido de los primeros en las cosas, pero después como que nos vamos quedando para después retomarlo.  Ahora el cine es así, de los ochenta para acá hubo una caída total y ahora es que está resurgiendo  la producción cinematográfica.

—¿Por qué cree que cayó el cine en los 80?

— Porque cambiaron las reglas del cine venezolano.  Existía una ley de cine y la modificaron. Al año se sacaban 9 o 10 películas venezolanas, muy buenas, siempre estaban entre las más taquilleras, y  eso fue lo que causó el problema. Los estudios internacionales – léase Hollywood-  no podían permitir que Cuando quiero llorar no lloro y El pez que fuma tengan más taquilla que Tiburón o El golpe, porque eso fue lo que pasó.

Entonces vinieron y se quejaron. Modificaron unos artículos en la ley del cine que eran justamente los que daban el dinero para realización de las piezas. Al eliminarse ese impuesto,  la conclusión fue obvia: había muy poco financiamiento para hacer cine en Venezuela.

—¿Y la situación  económica por la qué pasó Venezuela en los 90?, recuerde la crisis bancaria y el caso latino…

También formó parte del problema. Si yo quería continuar con el proceso de post-producción, que era el tema en el que éramos líderes, debíamos invertir en dólares que para la fecha eran extremadamente costosos. Los bancos no estaban prestando dinero. Era más barato ir afuera a culminar el proceso de post-producción con las últimas tecnologías que no teníamos.

De lo clásico a lo digital

—¿Cómo entiende la evolución del cine venezolano?

Como una evolución constante desde la época de la malandra Elizabeth para acá. Yo te puedo decir que los cambios tecnológicos de la elaboración de largometrajes en Venezuela vienen siendo cambios vertiginosos desde 2007 en adelante.

Antes se usaba el 35 mm, pero la crisis económica que sufre Venezuela encarece los costos de la realización cinematográfica en ese formato. Pero eso cambió con la adquisición de cámaras digitales en la Villa del Cine, que es la institución que presta los equipos actualmente para desarrollar los proyectos.

— ¿Eso ha sido una mejora para el cine actual venezolano?

— Ha sido una apertura. Más que una mejora ha sido una ampliación de la posibilidad de la gente de poder realizar sus películas.

— Y… ¿qué prefiere usted?

—Románticamente hablando el 35 mm, en la práctica lo digital.

—¿Estos cambios tecnológicos han ampliado la temática que se venían desarrollando desde los 60?

—En el caso de Venezuela, con todos los avances tecnológicos que hay, todavía no hay guiones de ciencia ficción. Todos son ficción, drama o humor. No existe una película estilo Harry Potter o Avatar. Quizás es por un poco de temor a lo que es la tecnología, porque los directores que están haciendo cine ahora son los mismos que hacían en los 60 y ahora no se arriesgan porque no conocen la tecnología.

—Y la falta de educación del uso de las tecnologías…

—¡Ése es el tema!,  la tecnología. Yo tengo un dicho muy particular que dice: “No es la flecha, es el indio”  y aquí en Venezuela pasa eso. Tenemos el software pero no la capacitación adecuada. No hay todavía el entrenamiento, el fogueo, la especialización del tema. Eso está muy crudo todavía.

El cine es vida

—¿Cómo define el cine venezolano?

Suspira, mueve constantemente los dedos a través del escritorio y medita la respuesta.

— Para los 60 era un cine de autor. En los 80 es como un hoyo negro que no me gusta definir y actualmente es cine de producción.

 —¿Por qué la post-producción en cine y no en publicidad que era su fuerte en Panamá?

—Por una sencilla razón: ¿Has visto alguno de los comerciales que he editado?

—Se enamoró del cine…

Efectivamente, me enamoré del cine. He hecho tres películas y de las tres todas han pasado a la historia. Los comerciales son efímeros, las películas no.Eso es lo que me enamoró: el cine trasciende y siempre deja algo.

—¿En su vida cómo ha influido el cine?

—Fíjate donde estoy, prefiero enseñar que estar en una agencia de publicidad. El cine conecta con ese fondo del ser humano de contar historias que recibe y percibe. Ver que las nuevas generaciones les gusta el cine y que uno los pueda orientar a desarrollar esas historias eso me satisface más que unos cuarenta millones al mes. No es que no me gusten los millones, pero me llena más educar que cobrar.

El resultado final no es que eres millonario sino que hay millones de personas viendo el resultado de tu trabajo.

—¿Qué le ha dejado cada película que ha hecho?

—Aprendizajes constantes.

—En una palabra: ¿qué es el cine venezolano para usted?

—Magia… simplemente magia.

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