Cavilaciones de un reflejo

Un espejo es la puerta que abre Oswaldo Avendaño para meditar sobre quién es él realmente. Se mira y observa sus facciones. La imagen le devuelve la misma mirada intrigada de él. Ambos compartían un pensamiento mientras hacían el recorrido visual: no aspires a más de 1.80 es lo máximo que creceré.

Son las 11:00 p.m., y como un recuerdo insidioso entiende que ya debe dormir: ¿Por qué vivo en Guatire?

Acostado, sus cavilaciones son un monólogo en donde él se interroga:

-¿Quién soy?

– Un joven de 22 años.

-¿Y qué más?

Estudio periodismo y trabajo como coordinador de mercadeo.

– ¿Eso te define?, ¿Qué te gusta?

No me define pero es un pedazo de quien soy. Me gusta leer, trabajar y sumirme en mi mundo.

-11:25 p.m. ¿Tarde?

Algo, seguiremos con esto después. Como tú eres yo, nunca terminaremos. Si yo estoy en constante reinvención y aprendizaje, siempre tendremos que agregar algo a esta plática.

Y así cerró los ojos, concluyendo que su vida siempre cambiará por las lecciones de vida que tenga.

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