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La fe puesta en ofertas

La espiritualidad en los venezolanos se ha convertido en un nuevo nicho de mercado en el cual pretenden, a través de la oferta de servicios, satisfacer la carencia de los individuos que contratan las asesorías religiosas

Lista de precios ubicada en la entrada de uno de los 48 negocios de artículos religiosos que se encuentran en la avenida Baralt.

La desesperación de no tener una vida amorosa estable motivó a Evelyn Rodríguez a hacer la cola y ser la número cuatro en la tienda “Rayo de Luna” en la avenida Baralt para pagar una consulta espiritual con “la bruja” Consuelo. La incertidumbre de no conseguir un puesto de trabajo condujo a Raúl Flores hasta las puertas de un brujo para que le abriera los caminos. La fe llevó a Juan Carlos Ramírez a comprar inciensos, flores y velas para tener buena salud en su vida. La familia Gómez, católicos practicantes por tradición, reciben a diario personas como Rodríguez, Flores y Ramírez para ayudarlos con los servicios que ofrecen  satisfacer su vacío espiritual.

La espiritualidad es uno de los elementos que integran la vida de los seres humanos y que desarrollan en función de sus creencias y gustos. Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) la espiritualidad es el “conjunto de ideas referentes a la vida espiritual” que tenga cada persona dentro de su sistema de creencias y percepciones.

La sociología explica que la religión y los sistemas de creencias se dan en el individuo a través del proceso de asimilación. Salvador Gidner, en su libro Sociología, explica: “la asimilación religiosa de una persona se da por motivos de tradición o conversión (forzada o por decisión propia)”

En Venezuela la práctica de una religión responde a variables culturales, económicas y personales tal como lo plantea Gidner. Gracias al proceso de colonización que data desde el descubrimiento de América el sincretismo religioso, entendido como la tendencia a creer en varios sistemas espirituales, en el país se ha acentuado con más fuerza para manifestarse en todos los aspectos de una sociedad, incluyendo el económico.

Así pues, el vacío espiritual de los venezolanos es satisfecho de múltiples maneras, una de ellas se traduce en el ámbito monetario de los individuos, en su economía.

Economía es una variable que se ha inmiscuido poco a poco en el terreno religioso. Tal ha sido la penetración de este concepto que la espiritualidad es concebida como cualquier otra área económica que tiene una demanda en donde se publica una oferta para satisfacer la necesidad de los consumidores religiosos.

Como en todo mercado, la satisfacción de esta demanda -que vendría siendo la satisfacción del vacío espiritual de las personas- se hace a partir de tarifas repartidas en los servicios y productos que pretenden complacer al consumidor en su andar espiritual.

“Trabajitos” para todos

Evelyn Rodríguez es una señora de 39 años de edad que vive en el municipio Libertador de la ciudad de Caracas. Es egresada de la escuela de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela y es católica. Tiene 12 años viviendo sola. Durante esa temporada, no ha tenido ningún tipo de relación sentimental con más nadie que no sean familiares o amigos.

Su cuerpo no tiene sobrepeso. Su piel no revela los años que ha estado en uso. Las arrugas no se han hecho notar, el intelecto no ha flaqueado. Su estado laboral es estable, considerando la cantidad de personas que no tienen trabajo fijo en la capital. En sí, Rodríguez es una mujer que no tiene nada extraordinario que espante a las personas del sexo opuesto. Ella es como dice el dicho popular “un buen partido” pero la realidad es que lleva una larga temporada sin compartir y sentir un nexo amoroso con un ser especial.

“He llegado al punto de la desesperación, no he conocido a nadie que me motive o me haga sentir amor. Es la tercera vez que vengo a la consulta para que me ayuden a entender por qué estoy sola”, explicó.

“Cada consulta para que me lean el tabaco cuesta 80 bs, me hace sentir bien porque es una manera con la que me siento cómoda para saber qué hacer y conseguir al hombre de mi vida. Ya me he hecho baños espirituales, he gastado alrededor de 500 bs entre velas, ramas y esencias para seguir el tratamiento que me hará conseguir a mi compañero”, relató Evelyn Rodríguez mientras esperaba a ser atendida por la bruja Consuelo del local Rayo de Luna.

“Consultas” y “trabajos” son términos que se usan en el argot cotidiano de este mercado. Consultarse es una cita en donde el cliente va con un brujo, chamán o sacerdote (dependiendo de la religión que profese) para que le explique su situación espiritual actual y le de un adelanto del futuro. Al hablar de trabajos en este mercado se hace referencia a los tratamientos/prácticas religiosas y espirituales que deben realizar para resolver la carencia o problema que tenga una persona.

En el 2006 a Juan Carlos García le diagnosticaron cáncer en los pulmones a sus 28 años de edad. Hizo exámenes de rigor y comenzó el tratamiento que le asignaron para estabilizar su organismo. “Recuerdo que estaba asustado, iba a misa todos domingos en las tardes para pedir por mi salud, no encontraba que hacer. Un día llegó una amiga y me dijo que me llevaría donde una espiritista, que no perdía nada con ir y escucharla. Fui y como ya había agotado todos los recursos decidí intentar este camino”.

“Me mandaron a comprar una cantidad de ramas y unos animales para hacer el ritual de sanación. No entraré en detalles de cómo fue. Lo que sí aseguro y garantizo fue el resultado: a los meses, el cáncer había desaparecido”. La fe es el motivo fundamental que mueve a Juan Carlos García a gastar mensualmente entre 400 y 600 Bs en productos como cascarillas de naranjas, velones verdes e inciensos para mantener su estado de salud por miedo a tener otra vez cáncer.

La compra de servicios religiosos es una de las caras de esta moneda del mercado espiritual en Venezuela. Valeria Gómez tiene 19 años y estudia Comunicación Social en la Universidad Católica Santa Rosa. Ella trabaja en “El brujo divino”,  negocio familiar que tuvo sus inicios en la Avenida Baralt en 1982.

Cartel que se encuentra en la entrada del negocio “El Brujo Divino”.

“Mis abuelos abrieron este local porque, según cuentan ellos, para la época este negocio era una excelente fuente de ingreso. En mi familia todos somos católicos aunque trabajamos con la venta al mayor y detal de artículos para los espiritistas. Este local representa nuestros  ingresos, es el negocio familiar como la panadería de los portugueses, solo que nosotros vendemos cosas para la religión” dijo Gómez.

“Nuestras consultas son de 90 bs sin importar el límite de tiempo. Los trabajos que aquí montamos con la bruja de la casa no exceden de 500 bs. Cada  trabajito varía, hacemos de salud, amor, para conseguir trabajo y otros relacionados con la muerte”, apuntó la hermana de Valeria, Alicia Gómez, que también atiende el negocio familiar junto con su hermana. “De 10 personas 2 vienen por salud 7 por amor y el restante viene por otras cosas”, explicó.

Ofrecer y vender servicios para rituales forma parte dentro del mercado religioso que se estila en la capital de Venezuela.

“Yo cobraba por bajar muertos y sacrificar animales. Dependiendo de qué animal fuera a sacrificar podía ganarme hasta cinco mil bolívares. La fe la perdí cuando me ofrecieron quince mil por sacrificar a un recién nacido. Desde entonces decidí ser evangélico y creer en otro Dios”, contó el señor Muerte  quien se negó dar su nombre.

Una muestra de que el sincretismo religioso en Venezuela se hace notar em esta campaña realizada por el canal HBO para rescatar la cultura en Latino América:

Religión en números

Artículos usados para hacer rituales espiritistas.

Si un caraqueño se propone a ir a la Avenida Baralt en metro se dará cuenta que del total de locales hay cuarenta y ocho que se dedican a la venta de artículos y servicios religiosos. Todos los negocios en sus entradas muestran los registros legales que debe tener cualquier tipo de negocio.

Una visión rápida en un vagón de metro -que tiene una capacidad máxima de 282 personas- revela que nueve de sus ocupantes llevan artículos como pulseras o ropa que demuestran que son practicantes del algún tipo de religión en Venezuela.

Un ejercicio simple es preguntarles a diez personas al azar si han pagado por una consulta. El resultado más común es que de esas diez, siete han ido a conocer su destino para disipar las dudas o simplemente matar la curiosidad porque de que vuelan, vuelan.

El precio promedio de consultas espirituales está en 80 bs, en el que 120 lo máximo que puedan cobrar por una asesoría sin límite de tiempo con derecho a tres preguntas. El incienso más barato se consigue en 40 bs que es el más pedido para rituales del amor y búsqueda de la felicidad en pareja.

María Dacosta es la señora de 43 años de edad encargada de “Rayo de Luna”, uno de los negocios de la Baralt. Allí venden todo lo que tiene que ver con artículos religiosos. “Para los santeros tenemos animales, cascarillas de manteca de coco, cacao y las soperas porque los espiritistas trabajan más que todo con velas. También ofrecemos el servicio de vudú para el amor y la muerte como todos los artículos de feng shui y estampas de vírgenes que puedan necesitar”.

La vestimenta es muy importante en algunas de las religiones para terminar los ritos y procesos de iniciación. En la santería una vez que han pagado alrededor de 18 mil Bs para hacerse el santo es necesario andar todo un año con ropa blanca. Para caballeros el combo de camisa y pantalón lo venden en 600 bs mientras que para mujeres está en 740.

Al colocar en el buscador del portal web mercadolibre.com la palabra santería y espiritismo arroja 87 usuarios que en Caracas se dedican a vender productos bajos en precios para la práctica de la religión. En estos portales lo más común es conseguir artículos como ropa y accesorios.

Los animales para los rituales son otro de los productos necesarios para cumplir con los rituales. Entre lo más vendido están las gallinas, los gallos, las palomas y los gatos. En el mercado de Quinta Crespo es común conseguir locales que tienen este tipo de animales en rejas que se lo venden a personas con pulseras y collares de colores verdes y amarillas o vestidas de blanco.

Los precios más elevados de los animales son de los gatos negros y las palomas blancas por su simbolismo. Pueden llegar a cobrar por un felino de ese color 5.300 Bs mientras que por una paloma blanca el precio en el mercado está en 2.600.

La situación económica del país ha hecho que surjan nuevos mercados que atiendan las carencias de las personas. La necesidad en este mercado se traduce en la manera de cómo los clientes tratan de satisfacer su vacío espiritual a través de la transacción, la compra de servicios que aseguren una respuesta a la incertidumbre interna de las personas y que responda a un ente o institución religiosa.

En Venezuela el sincretismo religioso, la diversidad cultural, las creencias y la necesidad de tener ingresos económicos han llevado a que los habitantes del país vendan y compren la fe a tal punto de ofertarla y relegar el papel espiritual en objetos que pueden ser comprados o rituales que pueden ser vendidos.

Combo para comprar al momento de hacer el ritual de “hacerse el santo” e ingresar a la religión santera.


5 comments

  1. ¡Hola, Oswaldo!

    La idea de los recursos multimedia es que estén colocados de manera estratégica a lo largo del reportaje para que agreguen información adicional al lector que probablemente está leyendo algo en ese momento que le genere dudas y pueda responder a través del link, el video, sonido o la imagen. También para que si el usuario llega al final y ve que puede optar por tres videos seguidos, lo más seguro es que solo se decida por uno.

    De todas formas, está muy bien todo lo que colocaste, sobre todo porque el material -en su mayoría- es tuyo.

    Un abrazo.
    MaR.-

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