Musa Pecaminosa

Y de repente mi imagen se perfila como un escrito hecho con tiza y mi pensamiento como un trazo firme

Hay cosas que sencillamente te alegran; hay cosas de cosas; existen cosas que tal vez ni sabes que están allí o lo están porque tú las hiciste; también están las cosas que no deseas conocer pero por circunstancias extrañas se te presentan ellas mismas; las cosas placenteras son las que más disfrutas.

Al pensar en placer sucedió: La musa me invitó a tomarme un café que acepté complacido. Conversamos y filosofamos. Proferimos nuestras ideas. Diferimos en algunos puntos pero al final, mientras dimos el último sorbo a la taza, concluimos con una idea. Ella se fue sonriente con un brillo pícaro en la mirada. Yo me retiré caminando pensando queriendo verla otra vez. ¿Qué es este sentimiento?… pues TENTACIÓN fue lo que dejó en mí.

Desde que nos conocimos, la musa y yo, me di cuenta que no existen las miradas inocentes. Comprendí que cada movimiento, palabra y gesto que hacía en mi presencia tenía un fin particular. En mi represión era como la manzana roja que te invita a pecar, que quieres agarrar y morder, pero nunca acabar.

Siempre he pensado en decirle: ‎”No me vengas con tu cara de monja porque anoche estabas sin el hábito”, pero me ha sido imposible decirlo por miedo a terminar nuestras sesiones de tentación.

Y fue así como concluí que las mejores tentaciones son las que provocamos y las que no buscamos.

Procuraré tentarte, musa, para que me busques, y procurare no buscarte para que aprendas a tentarme.

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